Agus en el País de las ardillas
Hace mucho tiempo, en un país muy, muy lejano en el norte…
Después de mucho tiempo de silencio, los dos argentinos vuelven a escribir para contar sus aventuras a sus compatriotas. No contentos con sus anteriores adquisiciones, acaban de comprarse una cámara Cannon T1i, lo cual genero algunas protestas y pucheros de Agus que quería una Nikkon D90 (que era más cara, obviamente…) Con motivo de estrenar la cámara, y además pasear un poco, se dirigieron posteriormente a un parque, donde había dos laguitos (en uno, donde podía escucharse música clásica, los patos dormían o navegaban plácidamente a la deriva. En el otro donde se escuchaba rock pesado, los patos cazaban mosquitos de manera frenética), y muchas, pero muchas ardillas. Ardillas que se perseguían entre ellas, ardillas que se mezclaban entre las palomas… ardillas que se te acercan si las llamas, como si fueran perros. Ardillas malvadas y desalmadas que atacaron a Agus. Sepan entender que atacar a Agus, en este contexto, significa que la ardilla venía dando saltitos placida e inocentemente y se acerco a menos de 10 metros de ella, lo cual basto para que la susodicha saliera corriendo desenfrenadamente, gritando como una poseída y tratando de sacudirse de encima las ardillas voladoras que le querían arrancar los pelos, morderla, y destruirla con los rayos laser que disparan de sus ojos… Las ardillas todavía le dan un poco de impresión, las ve como “ratas con cola peluda”. Eze, por el contrario, acostumbra a sentarse a meditar en el parque mientras las ardillas descansan sobre sus hombros.
Además de las ardillas, hemos avistado algún que otro zorrino por ahí. Uno lo vio Eze por la calle mientras venia caminando, el otro lo vio Agus desde el balcón, mientras rebuscaba entre la basura para ver si encontraba algo de comida (estamos hablando del zorrino, se entiende…). Agus, que antes no veía ninguno de los animales que tenía a su alrededor, está descubriendo un mundo salvaje totalmente nuevo. Su habilidad de avistar animales urbanos se ha incrementado notablemente. En términos de “habilidad para detectar animales”, ha pasado de nivel 0 (“no veo a un oso pardo que me pasa caminando por adelante”), a nivel 1 (“veo a un oso pardo que me pasa caminando por adelante”). Eze, por otro lado, ha alcanzado el nivel 38 (“escucho a una hormiga tirándose un pedo a 32 millas de distancia”)
Por otro lado, estamos planeando para alguno de estos fines de semana una visita a la ciudad de Quebec, o bien a un avistadero de ballenas que queda más al norte, donde dichos animalitos van a alimentarse. Lo bueno de las ballenas es que, a diferencia de las ardillas, uno no necesita mucho zoom para sacarle fotos, porque son muy grandes. En esto se parecen más a los elefantes, por ejemplo, que a las ardillas. Y sí, la verdad que estamos aprendiendo un montón de zoología en este viaje.
Finalmente, no podemos dejar de mencionar que, venciendo de una vez las barreras del idioma, Agus ha empezado a comunicarse con los demás seres humanos (aunque estrictamente hablando, no estamos seguros de que todos caigan dentro de esa categoría). Uno de ellos, un chico muy trabajador de su laboratorio, nos paso varias temporadas de “supernatural” (una serie de TV), serie que el mismo ha bajado ilegalmente de internet, para mirarla en el laboratorio durante su horario de trabajo. Ah, ciertas cosas nos hacen sentir como en casa… Y para extrañar menos aun, uno de estos días vamos a ir al “Restaurante Argentino”, a comer empanadas de carne y asado, de verdadera carne vacuna argentina. De más esta decir que Eze está muy entusiasmado con dicha perspectiva.
jajajaja... me hicieron reir mucho!! Ojo, no subestimemos a estos animalejos. Dinsey nos hizo creer que las ardillas y los patos son seres pacíficos y no es así. Yo fui atacada por un pato con una severa adicción a las 9 de oro... capaz tengamos algún tipo de trastorno genético, no??
ResponderEliminarMuy bueno el post!! Bien ahí cuña! Seguí así!
ese es mi ezequiel maestro ninja de la escucha mágica
ResponderEliminarsaludos